Los Presocráticos tenían razón: Somos Naturaleza pura.
Somos el Agua de Tales que en medio del fluir constante de Heráclito, nos permite SER.
Todo gira y cambia, tanto dentro como fuera de nosotros. Somos todo Agua; en nuestras venas corre el líquido vital, siempre en constante movimiento; siempre Agua, siempre activa, recorriendo cada átomo de Demócrito. Entregando vida.
Somos de la Naturaleza, de allá venimos y hacia allá vamos. Volveremos al encuentro de nuestro origen natural, mimetizándonos con la Tierra, el Fuego y el Aire de Empédocles. Volveremos a ser el deshielo de las montañas transformados en el río que moldea la tierra. Nos transformaremos en vapor gracias al fuego y nos elevaremos hacia el cielo en busca del aire. Seremos la lluvia que moje la tierra fértil generando más vida.
Todo es un vaivén, es un constante cambio que entrega vida y muerte.
Siempre somos, siempre fuimos y siempre seremos naturaleza.
Soy Aire porque de mi proviene y de mi se aleja en cada exhalación.
Soy Agua porque me hiero y sangro.
Soy Fuego porque tengo tibieza y Tierra porque tengo forma y consistencia.
Como la Naturaleza soy Yo, estoy en un proceso de cambio constante; me alimento de mi y respiro de mi. Somos el inicio y el fin una y otra y otra vez. Y así como somos un conjunto dinámico de estructuras que nos permiten SER, somos nosotros mismos los que nos dividimos y transformamos para continuar con el ciclo del constante fluir.
Somos Naturaleza. Los Presocráticos no se equivocaron.
ENSAYO
La Filosofía, una respuesta a la pregunta por el Hombre, su espacio, su vida y su conducta.
Carola Rojas Ulloa.